Vender por email sin ser un pesado | DonPam

Llevas semanas con una lista de suscriptores. Tienes algo que vender. Abres el editor de emails y te quedas mirando la pantalla con la misma cara que pondrías si tuvieras que llamar a tu ex para pedirle un favor.

No escribes.

Porque en tu cabeza suena una vocecita: «si mando otro email de venta, la gente se va a dar de baja». Así que mandas uno al mes, pidiendo perdón por molestar, con un tonito de «oye, perdona, sé que esto es un rollo, pero por si acaso te interesa…».

Y no vendes nada. Claro.

El problema no es que vendas por email. El problema es cómo lo haces.

Por qué crees que vender por email es molestar

La mayoría de gente que tiene miedo de vender por email no tiene miedo de vender. Tiene miedo de parecer uno de esos

que mandan tres emails al día con asuntos como «ÚLTIMA OPORTUNIDAD» y «SOLO QUEDAN 2 PLAZAS» cuando llevan diciendo lo mismo desde marzo.

Y es normal. A nadie le gusta ese tío.

Pero hay una diferencia enorme entre vender y suplicar. Entre ofrecer algo que le sirve a alguien y perseguirle por la calle tirándole de la manga.

El miedo a molestar viene de haber confundido las dos cosas. Y esa confusión te está costando dinero, porque mientras tú te callas, el que sí manda emails — aunque sean mediocres — vende.

La línea entre vender por email y hacer email marketing sin spam no está en cuántos emails mandas. Está en cómo hueles.

El olor a desesperación lo cambia todo

Pam lo explica con una frase que merece estar enmarcada:

«No hay nada que más enfríe las tarjetas que el olor a desesperación.»

Y tiene razón. Piensa en la última vez que alguien te intentó vender algo y te dieron ganas de salir corriendo. No fue porque te ofreciera su producto. Fue porque olía a necesidad.

Los descuentos de última hora que duran tres semanas. Los bonus apilados como si fueran un menú de restaurante chino. Los «te lo pongo más fácil» que suenan a «por favor, cómprame que no llego a fin de mes».

Todo eso transmite una cosa: me hace falta que compres.

Y cuando un vendedor transmite eso, el comprador se echa para atrás. Es instintivo. Es como cuando alguien te agarra del brazo en la calle para venderte algo: cuanto más aprieta, más rápido caminas.

En la Carta 53 de Las 90 Cartas de Don Pam, Pam desarrolla esto con su propia experiencia — cómo al principio sus textos de venta transmitían necesidad sin darse cuenta, y cómo eso mataba conversiones. Hay un equilibrio entre mostrar lo que ofreces y no parecer que dependes de esa venta para comer. Y encontrar ese equilibrio cambia las cifras de cualquier negocio.

Lo que hace la mayoría (y por qué no funciona)

La reacción habitual al miedo de molestar es una de estas dos:

No mandar emails de venta. Mandas contenido, mandas newsletters bonitas, mandas tips. Pero nunca vendes. Tu lista crece y tus ingresos no. Tienes fans, no clientes.

O mandas emails de venta, pero pidiendo perdón. «Sé que no te suelo mandar estas cosas, pero hoy quería contarte que tengo un producto…». El lector percibe la disculpa y piensa: si ni tú crees en lo que vendes, por qué iba a comprarlo yo.

Ambas opciones son el mismo error con distinto disfraz: pensar que vender es una imposición.

No lo es.

Si tu producto resuelve un problema real, no avisar a la gente de que existe es hacerles un mal servicio. No mandes mierda, claro. Pero si lo que vendes ayuda, callarte no es elegancia. Es cobardía.

Cómo vender por correo sin molestar (la actitud, no la frecuencia)

El truco no es mandar menos emails. Es mandar emails donde tú llevas la sartén por el mango.

Pam cuenta la historia de un amigo, Carlos, que ligaba sin esfuerzo cada vez que salía de fiesta. No hacía nada especial. No perseguía a nadie. Simplemente iba a pasárselo bien con sus amigos y las mujeres se le acercaban solas.

¿Su secreto? No mostraba necesidad.

«Intentar gustar a todo el mundo, es la manera más rápida de no gustar a nadie.»

Eso mismo pasa con los emails de venta que no molestan. Cuando escribes desde la posición de «tengo algo bueno, si te interesa estupendo y si no también», la gente te lee de otra manera. No hueles a vendedor de enciclopedias. Hueles a alguien que tiene algo que funciona y te está haciendo el favor de contártelo.

La Carta 85 desarrolla esta idea con la historia de Carlos y cómo el patrón de la seducción sin esfuerzo es exactamente el mismo que el de vender a quien dice que no le interesa. No persigues. No suplicas. Ofreces desde una posición donde no necesitas la venta.

Esto se traduce en cosas concretas cuando escribes tus emails:

  • No te disculpas por vender. Nunca. Si no crees que tu oferta merece un email, no la vendas.
  • No apilas descuentos y bonus hasta que el email parece un bazar. Menos es más.
  • Cuentas lo que hace tu producto y por qué funciona. Sin adornar cada frase con «INCREÍBLE» y «NUNCA VISTO».
  • Si alguien se da de baja, bien. Esa persona no iba a comprarte nunca. Mejor una lista de 500 que leen que una de 5.000 que te ignoran.

Un ejemplo rápido para que lo veas claro

Imagina que vendes un curso de cocina por email.

Email desesperado: «Hola, perdona que te moleste. He visto que no has abierto mis últimos emails y quería recordarte que mi curso tiene un 40% de descuento solo hasta mañana. Además he añadido 3 bonus nuevos y acceso a un grupo privado. No te lo pierdas, es la última oportunidad.»

Email sin necesidad: «Ayer hice una crema de calabaza con jengibre que le gustó hasta a mi hija, que odia la calabaza. La receta está en la lección 12 del curso. Si te interesa, aquí tienes el enlace. Si no, mañana te cuento cómo hacer un risotto sin remover durante 40 minutos.»

El segundo email vende más. Siempre. Porque no pide nada. Cuenta algo útil, muestra que hay más donde eso salió y sigue su camino.

El primero huele a desesperación desde la primera línea.

La diferencia no es técnica. Es actitud. Y esa actitud es la que separa los emails que la gente lee de los que manda al spam.

Manda emails, pero mándalos como alguien que no los necesita

Puedes mandar un email de venta cada día si lo que cuentas tiene sustancia. Puedes vender en cada email si el lector siente que le aportas algo aunque no compre.

Lo que no puedes hacer es mandar emails donde se nota que te estás cagando de miedo de que se vayan.

Porque se irán.

No por la frecuencia. Por el tono.

Hay un método para aprender a escribir emails que venden sin transmitir esa necesidad. Lo explico con ejemplos reales en la Carta 53 y la Carta 85 de Las 90 Cartas de Don Pam. 90 lecciones de copywriting, email marketing y negocios digitales. Sin humo. Acceder a las 90 Cartas →

Preguntas frecuentes

¿Cuántos emails de venta puedo mandar a la semana sin ser pesado?

No hay un número mágico. Hay gente que manda uno al día y vende sin molestar, y gente que manda uno al mes y suena a spam. Lo que importa es que cada email aporte algo al lector aunque no compre. Si tus emails solo dicen «compra, compra, compra», uno ya es demasiado.

¿Es mejor vender en emails separados o meter la venta dentro del contenido?

Depende de tu estilo. Pam mete la venta de forma natural dentro de emails que cuentan historias o enseñan algo. No necesitas un «email de contenido» y un «email de venta» separados. Un buen email hace las dos cosas a la vez.

¿Qué hago si la gente se da de baja cuando mando emails de venta?

Déjales ir. Las bajas por emails de venta limpian tu lista de gente que nunca iba a comprar. Preferible tener una lista pequeña de personas interesadas a una grande de personas que ni abren tus correos. Las bajas son señal de que estás filtrando, no de que estés fallando.

¿Cómo sé si mis emails huelen a desesperación?

Lee tu email en voz alta. Si suena a alguien pidiendo un favor, reescríbelo. Si suena a alguien contando algo interesante que tiene un producto detrás, publícalo. También fíjate en cuántas veces dices «no te lo pierdas», «última oportunidad» o «solo quedan X plazas». Si aparece más de una vez, probablemente estás forzando.


Sigue leyendo

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.